Como ya comentamos en la entrada “Proyectos contract: el arte de decorar hoteles“, a la hora de decorar, equipar y amueblar habitaciones de hotel uno de los parámetros que se tienen en cuenta, además de la inversión y de la decoración, es la funcionalidad del mobiliario para hoteles. Es decir, pensamos en que, además de bonitos y económicos, sean útiles.
No obstante, nuestra forma de razonar programada y condicionada por el hábito, nos hace pensar en las funcionalidades habituales: dormir, escribir, ducharse, leer en la cama… Pero, ¿acaso no hay gente que puede utilizar una habitación de hotel para otra cosa? Quizás reunirse con amigos, hacer meditación, mantener relaciones sexuales, trabajar o hacer gimnasia. Pues sí. Y es más habitual de lo que nos pensamos.
Hay hoteles que están logrando diferenciarse precisamente por eso: por ser muy cómodos para gente de negocios, por ofrecer habitaciones especialmente preparadas para tener relaciones sexuales (incluso por horas) y, la última novedad, poder hacer gimnasia en la propia habitación sin necesidad de tener que visitar el gimnasio.
Este hotel en concreto se le conoce ya como “el hotel que pone en forma a sus clientes“. ¿Cómo lo hace? Aprovechando los elementos habituales de la habitación: sillas, toallas, la propia pared… Así pues, proporciona a sus clientes una tabla de ejercicios diseñada por un entrenador personal para que la puedan realizar en la habitación.
Sin embargo, aquí se abre otra forma de pensar creativa: ¿por qué no diseñamos y equipamos dormitorios de hotel pensando en una posible doble funcionalidad? Se trataría simplemente de aprovechar el equipamiento del propio dormitorio sacándole dobles funcionalidades. ¿Qué tal un portamaletas que permita sujetar los pies para hacer abdominales?